Acerca del Diaconado

Historia

Siguiendo los pasos de Abraham, modelo de la Fe, y de los Levitas, y dedicados al servicios litúrgico, los diáconos se encuentran ya presentes en la Iglesia Apostólica (ver Hechos de Apóstoles Cap.6). Ellos actúan en la persona de Jesús a imitación suya en el lavatorio de los pies (Juan 13) en los ministerios de la justicia y la caridad. En los primeros años de la iglesia ejercían un papel sumamente importante como colaboradores de los obispos locales. En el siglo V, el diaconado fue disminuyendo hasta convertirse en un paso transitorio para el sacerdocio. El Concilio de Trento en el siglo 16 recomienda su restauración.

Siguiendo las directrices del Concilio Vaticano Segundo (Lumen Gentium no. 29; 1962-65), El Papa Pablo VI restauró el Orden del Diaconado como un ministerio permanente en la Iglesia en junio 18 de 1967. Al año siguiente la Santa Sede le concedió el permiso a la Conferencia de Obispos de los Estados Unidos para restaurar el Diaconado Permanente en el país. En 1973 se abrió el programa de formación al diaconado en la Diócesis de Brooklyn. La primera clase fue ordenada en 1977.

El Diaconado y las Órdenes Sagradas

Un diácono, es un hombre llamado por Dios y después de discernimiento, formación y preparación, es ordenado por su obispo para servir las necesidades del pueblo de Dios. Si un hombre casado es llamado al diaconado, su esposa debe de consentir y apoyar su decisión de ingresar a la formación y la ordenación. Como católicos creemos que cada diácono ordenado, por la gracia sacramental de las Ordenes Sagradas es transformado en la imagen de Jesús Sirviente.

Para poder entender mejor el papel y misión del diácono en la iglesia, debemos iniciar con las enseñazas de la iglesia acerca del Sacramento de las Ordenes Sagradas el cual el diácono recibe y comparte. Los obispos de los Estados Unidos, en su reciente documento “El Directorio Nacional para la Formación, Ministerio y Vida de los Diáconos Permanentes” (DNDP) (2003), describen el Sacramento de las Ordenes Sagradas de la siguiente manera:

Las Ordenes Sagradas es el sacramento a través del cual la misión que Cristo le encomendó a sus apóstoles y sus sucesores continúa ejerciéndose en la iglesia hasta el final de los tiempos. Por lo tanto es el sacramento del ministerio apostólico: “La misión de los Apóstoles, la cual el Señor Jesús continúa encomendándole a los pastores de su pueblo, es un verdadero servicio, de manera significativa referido en la Sagrada Escritura como “diakonía”, es decir servicio o ministerio. Esta diakonía es ejercitada a diferente niveles por aquellos que desde la antigüedad han sido llamados obispos, sacerdotes y diáconos”. Los ministerios ordenados, aparte de las personas que los reciben, son gracias para la iglesia entera. (art. 24)

Como parte integral del sacramento de las Ordenes Sagradas, el conceder el diaconado configura al hombre a la consagración y misión de Cristo, constituyéndolo como miembro de la jerarquía y ministro sagrado de Cristo con una “identidad e integridad en la iglesia que le marca no como laico o sacerdote; sino que, el diácono es un clérigo que ha sido ordenado para la diakonía, a decir, al servicio del pueblo de Dios en comunión con el obispo y su cuerpo de sacerdotes” (art. 29). Por lo tanto, estructura de la iglesia divinamente constituida, requiere que el único e irremplazable ministerio de los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos trabaje unido para edificar la comunidad de fe.

Cada estado en la iglesia contribuye de una manera única a su misión divina. Los diáconos en la iglesia son el signo sacramental del ministerio de servicio de Cristo en favor de la iglesia y el mundo, sirviendo el discipulado del pueblo de Dios.

El Triple Servicio del Diacono

Los diáconos están llamados a vivir el triple ministerio de servicio. Este servicio puede resumirse de la siguiente manera.

· Servicio a la Palabra de Dios: El diácono está llamado ser un hombre de profunda oración, llamado a familiarizarse con y ser un testigo viviente de la Palabra de Dios en su ministerio, en su familia y en el lugar de trabajo. Está llamado a amar, predicar y a enseñar la Sagrada Escritura desde el púlpito y en su vida diaria. Un diácono está llamado también a enseñar y catequizar sus hermanos católicos y ayudar en la preparación de aquellos que buscan recibir los sacramentos, especialmente los adultos que buscan ingresar en la familia de fe católica.

· Servicio a la Eucaristía: Cada diácono está llamado a servir el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo mediante su propia participación en la liturgia, su amor y reverencia al Santísimo Sacramento y su deseo de llevar la Eucaristía a quienes se encuentran enfermos o incapacitados de unirse a la comunidad de fe en la celebración dominical. Por virtud de su ordenación, el diácono puede presidir en un número de servicios litúrgicos, incluyendo el bautismo de los niños, ser testigo de bodas, conducir servicios funerarios, conducir la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento y asistir en la celebración de la Eucaristía. Cada diácono debe cultivar un profundo amor y reverencia al sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Tal espiritualidad eucarística es esencial en los ministerios descritos anteriormente.

· Servicio en favor de la justicia, la caridad y la paz: los diáconos sirven como heraldos de Cristo en la esperanza y el amor hacia los pobres, los deshabilitados, los necesitados, los que están solos, los olvidados y los marginados de la sociedad. A través de su testimonio de vida y servicio, ellos promueven los trabajos de la misericordia, la justicia, la reconciliación y la paz. En este tan importante aspecto del servicio diaconal, cada diácono debe de esforzarse en desafiar a sus hermanos creyentes para que se envuelvan en la necesidades sociales de los pobres (i.e., materialmente y espiritualmente pobres) y buscar que éstas necesidades se cubran.

La Unidad del Servicio Diaconal

La iglesia siempre ha enseñado que el triple servicio que marcan la vida y el servicio del diácono forman una unidad cuyas partes nunca deben verse comprometidas o perderse. Los obispos enseñan esta verdad claramente:

“Por lo tanto, los ministerios diaconales que arriba se distinguen no deben separarse; el diácono es ordenado para todos ellos, y ningún diácono debe ser ordenado a no ser que esté preparado para llevar acabo cada uno de ellos de alguna forma. Un diácono puede tener grandes habilidades en el ejercicio de un aspecto de su ministerio, y por lo tanto su servicio puede ver marcado por uno de estos aspectos mas que los otros. Fundamentalmente, sin embargo, existe una unidad intrínseca en el ministerio diaconal.” (DNDP, art. 39).

Entonces, cada aspirante que desee discernir la vocación al diaconado debe de estar dispuesto a servir en la totalidad del ministerio diaconal si es ordenado al diaconado.